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El equipo

Todo puede mirarse de otro modo.
Incluso una derrota puede cambiarlo todo...

Una organización puede tener un problema. Las personas, sus opiniones.

Liderazgo, comunicación, confianza, trabajo en equipo, gestión del cambio, estrés, resultados, toma de decisiones…

Pueden formar parte de una misma situación.

¿Puede un equipo perseguir el mismo objetivo y, al mismo tiempo, estar jugando partidos diferentes?

Cambiar de perspectiva puede ayudarnos a descubrir qué está viendo cada uno, qué estamos dando por sentado y qué quizá todavía no estamos viendo.

“

¿Qué pasa si volvemos a perder?

La sala de prensa estaba llena.

Nadie parecía tener prisa por marcharse.

El entrenador dejó la botella de agua sobre la mesa y miró hacia la primera fila. Llevaba el chándal del club. El escudo, bordado sobre el pecho, era el mismo que había llevado durante casi quince años como jugador.

¿Cómo explicar ahora lo que él sería el primero en condenar?

¿Cómo compartir su desasosiego con aquellos que le habían defendido tanto?

Tenía el margen, tenía la confianza... y, de pronto, lo había perdido todo porque el balón no quiso entrar.

—

—Durante años has sido uno de los grandes defensores de una forma de jugar. Sin embargo, hoy hemos visto a un equipo perdido, que por momentos parecía no saber qué hacer con el balón. ¿Por qué?

El entrenador se inclinó ligeramente hacia el micrófono.

—No creo que hayamos estado perdidos. Ha habido momentos en los que hemos encontrado nuestro juego y hemos generado situaciones. Nos ha faltado aprovecharlas.

Otra mano se levantó.

—Ayer vuestro máximo rival goleó jugando de una manera muy reconocible. Hoy, en cambio, daba la impresión de que vosotros no sabíais a qué queríais jugar. ¿El problema son los resultados o el equipo ha perdido su identidad?

El entrenador tardó unos segundos en responder.

—Compararnos con lo que hizo ayer otro equipo no nos ayuda. Nosotros tenemos nuestro camino.

—¿Pero reconoces al equipo que has visto hoy?

Esta vez levantó la mirada.

—Sí.

—¿Te ha gustado?

Hubo algunas risas.

El entrenador sonrió apenas.

—No.

Otra voz llegó desde el fondo.

—Cuando llegó Oliveira dijiste que era exactamente el jugador que necesitaba este equipo. Hoy ha parecido completamente desconectado. Apenas ha participado y, cuando lo ha hecho, parecía no entenderse con sus compañeros. ¿Qué está pasando con él?

—Nada. Oliveira necesita tiempo.

—¿La relación entre vosotros es buena?

—Sí.

—¿Y con el vestuario?

El entrenador lo miró.

—¿Qué quieres decir?

—Que desde que llegó se habla de cierta incomodidad. De jugadores que han perdido protagonismo, de otros que no entienden algunas decisiones... Te pregunto si Oliveira está bien dentro del vestuario.

—Oliveira está bien.

—¿Y el vestuario?

Un pequeño murmullo recorrió la sala.

El entrenador cogió la botella, pero no bebió.

—El vestuario también.

Una periodista de la primera fila tomó la palabra.

—Has hablado varias veces de confianza. Pero lleváis cuatro partidos sin ganar. ¿Qué necesita ahora este equipo: confianza o cambios?

—Las dos cosas no son incompatibles.

—¿Y qué vas a cambiar?

Silencio.

—Lo que sea necesario.

—Hay momentos en los que un equipo entra en una dinámica difícil de explicar. La pelota no entra, cualquier error parece acabar en gol y llega un punto en que da la sensación de que todo el mundo está esperando que algo vuelva a salir mal.

El entrenador la miró con atención.

—¿Crees que a este equipo le está pasando eso?

Permaneció unos segundos en silencio.

—Puede ser.

La periodista continuó:

—¿Se puede perder por tener miedo a perder?

El entrenador bajó la mirada hacia la mesa.

Tardó en responder.

—No lo sé.

Hubo unos segundos de silencio.

Cuando el jefe de prensa parecía dispuesto a terminar, el entrenador volvió a acercarse al micrófono.

—Ahora tengo yo una pregunta.

Algunas cabezas se levantaron.

Miró a la periodista.

—No me contestes.

Hizo una pausa.

—¿Puede que el miedo a perder tenga algo que ver con lo que la gente dice?

El murmullo creció en la sala.

El jefe de prensa se levantó.

—Gracias. Mañana, entrenamiento a las doce.

Las sillas comenzaron a moverse mientras el entrenador cerraba la botella de agua y se levantaba sin mirar a nadie.

—

En la zona mixta, el capitán esperaba su turno frente a las cámaras.

—Momento difícil —dijo un periodista.

—Sí.

—¿El vestuario sigue con el entrenador?

El capitán no dudó.

—Por supuesto.

—¿Todos?

—Todos.

—Se habla de división dentro del equipo.

—Desde fuera se habla de muchas cosas.

—¿Y desde dentro?

El capitán sonrió ligeramente.

—Desde dentro intentamos ganar partidos.

—¿El próximo también?

—Especialmente el próximo.

Cuando terminó, el capitán devolvió el micrófono y caminó hacia el vestuario.

—

El presidente apareció ante los medios poco después. No estaba previsto que hablara.

—La anterior junta nos ha dejado un legado envenenado. Pero no podemos poner en cuestión nuestros valores por eso. El club está por encima de cualquier jugador o entrenador, por mucho que haya significado para esta institución.

Uno de los periodistas intentó intervenir, pero el presidente continuó:

—Las leyendas son leyendas. Pero no ganan partidos.

Se apartó de los micrófonos.

—No voy a hacer más declaraciones.

—

El estadio estaba casi vacío.

El capitán encontró a uno de los veteranos sentado solo junto a las taquillas, todavía con las botas puestas.

Cerró la puerta del vestuario.

Durante unos segundos ninguno dijo nada.

—Esto no puede seguir así —dijo finalmente.

El otro levantó la cabeza.

—Ya.

—Tiene que irse.

El jugador lo miró.

—¿Qué sugieres?

El capitán se quedó quieto.

Luego preguntó:

—¿Qué pasa si volvemos a perder?

"

Del libro Tienes Razón

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